Cuba no podrá adquirir ventiladores pulmonares con varios de sus proveedores habituales al ser adquiridas dos firmas fabricantes de estos equipos médicos por una compañía estadounidense. Estos aparatos son elementos claves en la atención a las personas graves y críticas por la COVID-19.
La empresa Medicuba, entidad exportadora e importadora del Ministerio de Salud Pública, recibió notificación de que los fabricantes IMT Medial AG y Acutronic habían sido adquiridas por la empresa estadounidense Vyaire Medical Inc. con sede en Illinois, por lo que comunicaban que «la directriz corporativa que tenemos hoy día es suspender toda relación comercial con Medicuba».
La denuncia fue realizada en su cuenta de Twitter por el Director General de América Latina y el Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (Minrex), Eugenio Martínez Enríquez.
La mayor potencia del mundo le niega el derecho a la vida a un pueblo pequeño y batallador, que hoy brinda ayuda solidaria con personal de la salud en 59 países del mundo y ha enviado ya casi dos decenas de brigadas médicas de apoyo a igual número de países necesitados de personal sanitario para enfrentar los embates de la COVID-19.
¿ ES UNA LEY, UN DNU, UNA DECISIÓN, UN SEÑALAMIENTO…..?
La cuarentena como toda crisis ofrece “oportunidades” que tienen usos: a nivel nacional, provincial y otros, en todos lados hay que cuidarse del mal uso que se pueda hacer de esas “oportunidades”.
El ejemplo más claro: No cianuraron Mendoza porque el pueblo salió a enfrentarlo.
Es decir, la lucha sigue, no terminó con las elecciones ni con el virus, como decíamos en anterior nota, no hay representantes del pueblo, sino de sus intereses concurrentes más allá del partido a que pertenezcan, Mendoza lo demostró, es decir:
“No descubrí nada nuevo. Digo lo mismo que las familias que son fumigadas, sólo que lo confirmé en un laboratorio”, solía decir Andrés Carrasco. Y comenzó a ser invitado a cuanto encuentro había. Desde universidades y congresos científicos, hasta encuentros de asambleas socioambientales y escuelas fumigadas. Intentaba ir a todos lados, restando tiempo al laboratorio y a su familia.
También ganó muchos enemigos. Los primeros que le salieron al cruce: las empresas de agroquímicos. Abogados de Casafe (reúne a las grandes corporaciones del agro) llegaron hasta su laboratorio en la Facultad de Medicina y lo patotearon. Comenzó a recibir llamadas anónimas amenazantes. Y también lo desacreditó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Lo hizo, nada menos, que en el programa de Héctor Huergo, jefe de Clarín Rural y lobbysta de las empresas...
Me permito referirme a la acuciante realidad, más que seguir tratando de desarrollar nuestro camino durante estos años. Luego, trataré de continuar algo así como una exposición de lo actuado en este tiempo con el tema en cuestión y otros...
Vemos en Página 12 (9-12-2019), una nota de imprescindible lectura:
Un trabajo científico inédito a nivel mundial, realizado por científicos argentinos, determinó los riesgos del GLIFOSATO, herbicida estrella del modelo de agronegocio, en contacto con el arsénico (químico presente de forma natural en amplias zonas fumigadas).
"Los resultados presentados aquí deberían ser motivo de preocupación para los sistemas (responsables) de la salud humana y de la vida silvestre".
Existen numerosas pruebas científicas de los efectos en la salud y el ambiente del GLIFOSATO, y ahora se confirma su efectivo perjudicial potenciado: produce alteración de las hormonas y daño genético, males asociados a enfermedades como el cáncer. "No tengo dudas de las consecuencias del glifosato. Es tóxico y causa efectos muy nocivos. Hay más de 1000 trabajos científicos que lo confirman", afirmó Rafael Lajmanovich, científico a cargo de la investigación.
Rafael Lajmanovich es profesor titular de la Cátedra de Ecotoxicología de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral e investigador del Conicet. Trabaja desde 1998 en el estudio del impacto de los agroecosistemas y los agroquímicos sobre la fauna silvestre de anfibios. Cuenta con más de cien trabajos internacionales y capítulos de libros sobre el tema.
Durante más de seis meses analizó (junto a un grupo de investigadores) el efecto del glifosato con el arsénico (que se encuentra presente de forma natural en agua y suelos de Argentina --muchas de las zonas agrícolas--). Y confirmó lo temido: tienen un efecto sinérgico, se potencian, y producen consecuencias muy graves.
Confirmaron disrupción hormonal (aumento en la concentración de hormonas tiroideas), la mayor proliferación celular (aumentan su tasa normal de división celular) y genotoxicidad (daño en el material genético). "Estos tres marcadores son fuertes indicadores de mayor riesgo ecotóxicológico de procesos de daño en el ADN y/o de los mecanismos de regulación del mismo (llamado daño epigenético), que resultan en una proliferación celular incontrolada", explicó Lajmanovich. Es una obviedad en el mundo científico, probado desde hace décadas: a mayor daño genético, mayor probabilidad de contraer enfermedades como el cáncer y malformaciones.
En el mismo sentido, la experimentación en anfibios en una de las mejores maneras de prever lo que pasará en humanos. Por eso se los denomina los "canarios de la mina" (por esa práctica antigua de, en las galerías de carbón, tener un canario como alerta de gases tóxicos). El investigador detalla que los anfibios son excelentes modelos experimentales para estudiar el efecto agudo y crónico de sustancias tóxicas sobre el desarrollo de los vertebrados inferiores hasta los mamíferos. El desarrollo embrionario de una larva de anfibio está regulado por una gran proporción de los mismos genes humanos. En el año 2010 se secuenció por primera vez el genoma completo de un anfibio y se comprobó que comparten hasta el 80 por ciento de los genes humanos asociados con enfermedades genéticas.
El trabajo experimental consistió en dos etapas. La primera del tipo "aguda a concentraciones letales" de ambos tóxicos, en la que se demostró que existía “sinergia”. Lajmanovich lo explica de forma didáctica: si la toxicidad del glifosato es 100 y la del arsénico es 100. Juntos tienen una toxicidad de 300 o más. La segunda etapa fue una medición de efecto crónico, de un mes, expuesto a dosis sub-letales (en cantidades que se pueden encontrar en escenarios naturales). El resultado fue el daño genético y alteración hormonal.
La investigación, única en su tipo, cobra mayor relevancia por la gran cantidad de herbicidas utilizado en Argentina y las amplias zonas con exceso de arsénico: desde Santiago del Estero, Chaco, Salta y Entre Ríos, hasta regiones de la Pampa Húmeda del agronegocio (Buenos Aires, Córdoba, La Pampa y Santa Fe).
El trabajo académico está especialmente dedicado al médico y científico ANDRÉS CARRASCO, que en 2009 publicó en este diario su investigación sobre el efecto letal del glifosato en embriones anfibios y su vinculación con la salud en humanos. Carrasco, que había sido presidente del Conicet y director del Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA, sufrió una campaña de desprestigio escabezada por las empresas del agronegocio (Monsanto, Bayer, Syngenta, Aapresid, entre otras), los diarios La Nación y Clarín (y sus periodistas "agrarios") y el ministro de Ciencia Lino Barañao.
"El profesor y doctor ANDRÉS CARRASCO fue un destacado científico y una motivación para todos los interesados en detener el impacto social y medioambiental de las empresas transnacionales y los establiments gubernamentales que legalizan el uso de pesticidas nocivos”, resalta el paper científico en su página nueve. Lajmanovich denunció las maniobras contra Carrasco: "El Conicet conformó una comisión para desacreditarlo, pero sin dudas logró el efecto contrario. Las evidencias sobre la toxicidad y los efectos del glifosato sobre el ambiente y la salud han sido abrumadoras en Argentina y el mundo".
Entre las empresas que comercializan glifosato en Argentina figuran BAYER - MONSANTO, Syngenta, Red Surcos, Atanor, Asociación de Cooperativas Argentinas, Nufram, Agrofina, Nidera, DuPont, YPF y Dow.
La investigación fue publicada en la revista científica Eliyon, de la prestigiosa editorial internacional Elsevier, de Reino Unido. El título de la investigación es "Primera evaluación de nuevos efectos sinérgicos potenciales del glifosato y mezcla de arsénico". Lleva la firma de otros siete investigadores. Paola Peltzer, Andrés Attademo, Candela Martinuzzi, María Fernanda Simioniello, Carlina Colussi, Ana Paula Cuzziol Boccioni y Mirna Sigrist.
Lajmanovich remarcó que "no hay dudas" del efecto nocivo del glifosato. Por un lado, están las víctimas de las fumigaciones con agrotóxicos, prueba territorial de las consecuencias. Y, por otro, precisa que existen "1079 trabajos científicos de todo el mundo que lo dicen, muchos de ellos de científicos de universidades públicas de Argentina y del Conicet, indexados y accesible en Medline".
Problema de salud pública
El científico Rafael Lajmanovich insiste una y otra vez que, luego de 30 años de agronegocio transgénico, no hay dudas del efecto devastador de los agrotóxicos. En particular del glifosato. Y tiene una hipótesis de por qué sectores de gobiernos aún minimizan las consecuencias: "Lo niegan porque es un problema económico-político muy difícil de resolver. No se trata de un problema científico, donde ya se confirmó sus efectos tóxicos". Recuerda que hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS --mediante su espacio oficial de estudio del cáncer--) clasificó como "probable cancerígeno" al glifosato. El académico apunta sobre todo al rol del Estado, que desde sus entidades regulatorias avalan el uso de estos tóxicos: "Los residuos de glifosato empiezan a encontrase a niveles alarmantes en el agua y sedimento de ríos y arroyos, en el aire, en la lluvia, hasta en las aguas subterráneas y en los abrevaderos donde toman agua las vacas de los tambos y en la orina de las personas adultas y niños. Entonces ya no caben dudas, estamos ante un verdadero problema ambiental de salud pública".
• De nuestra parte, podemos agregar que la megaminería que actúa en los Andes, al “pulverizar las rocas, contribuye al incremento de arsénico en los ríos de forma exponencial, y así, el arsénico está llegando a la gran cuenca del Paraná, ahora en compañía del glifosato.
¿PERO ESTA INFORMACIÓN LLEGARÁ A NUESTROS FUNCIONARIOS?
No los actuales por cierto, están más que enterados y son parte del negocio.
Mientras tanto, y cómo puede, la sociedad enfrenta vía comercialización directa entre productores y consumidores, productos alimenticios libre de agrotóxicos, veamos el mensaje en ocasión del encuentro del VERDURAZO del 7.12.19, en Plaza Estación Sarandí y nuestra participación en el mismo.
Todo esto hace a los inevitables encontronazos en nuestro gobierno, ya que la formidable lección de Cristina, ante la “justicia”, sobre que es ser dirigente, no parece compadecerse con la designación de un Ministro en línea con Monsanto, es decir esperamos el programa que indique cual es el objetivo, más allá de medidas de coyuntura, porque en el programa contra el hambre no pueden estar las corporaciones de los agrotóxicos que no solo producen hambre sino también muerte.
... señalamos qué significaba un programa y su aplicación... se nos podrá decir que ya estamos muy lejos de aquello, pero el Golpe aún no ha triunfado, el pueblo Boliviano continúa con su lucha, el pueblo de nuestra América continua su lucha: Chile, Colombia, Bolivia, Ecuador... son hoy centros de pelea, frente al “dueño del patio trasero”, que en nuestra América resulta siempre triunfante, no como en el resto del mundo.
La mentada globalización triunfante del imperio en algún momento, “el fin de la historia” lo llamaban, quienes detentarían el poder por siempre... hoy se encuentran con que el término y la acción globalización ha sido incorporada por pueblos enteros de nuestra América. La globalización de los pueblos, en contra de la del imperio, es una acción conjunta que altera el pensamiento lineal con que manejaron Sur América.
Bolivia supo darse un programa Nacional y Popular, desde adentro sin recurrir a ningún gurú del Norte, esos que siempre terminan tirando para el mismo lado. Por eso, Bolivia es tan peligrosa, porque su ejemplo cunde, no solo entre originarios de toda América, sino por los pueblos de toda América.
No podía ser menor la participación Argentina en Bolivia, la mas difundida fue la de un “dirigente” que entre nosotros se lo ve muy dúctil, puede hoy tomar una comisaria y hacer conferencia de prensa desde la misma, o criticar duramente a Cristina, o plantear una unidad tan amplia donde puedan caber Vidal y Larreta, o bien, en el colmo del dislate proponer la “reforma agraria”, ¿Qué sabrá del tema? Habrá leido nuestra Constitución de 1949?
Como bien señaló días pasados Rafael Bielsa, los servicios en nuestro país están desmadrados, son una madeja, una trama que todo lo ocupa y a la que hay que enfrentar porque son potenciales enemigos de cualquier acción de gobierno, incluso ¡¡¡tomando shoppings¡¡¡, actitud rebolucionaria si las hay.
Ana Zabaloy era una maestra rural que luchaba para frenar el uso de agrotóxicos en cercanías a las escuelas... No la escucharon. Murió de cáncer el sábado 8 de junio, en San Antonio de Areco...
Fabián Tomasi, el ex fumigador de la localidad entrerriana de Basavilbaso que dedicó los últimos años de su vida a luchar contra los agrotóxicos, falleció el viernes 7 de septiembre, tras padecer una neumonía por la que estaba internado desde hacía cinco días.
Se le había declarado desde hacía varios años una polineuropatía tóxica metabólica severa, que le causó una disfunción del sistema nervioso periférico. Contrajo la enfermedad a raíz del contacto con los venenos, ya que, según explicó, nadie le advirtió de los riesgos que corría y trabajaba sin protección. Tomasi fue uno de los personajes retratados por el fotógrafo Pablo Piovano, de larga trayectoria en Página/12, en su libro El costo humano de los agrotóxicos, en el que dio testimonio de las consecuencias del uso de los pesticidas.
Pablo Piovano
→ El 15 de marzo de 2008, Marie Monique Robin lanzó en Francia su último trabajo de investigación que la llevó a recorrer el mundo. El resultado es: "El mundo según Monsanto", un libro y un documental de dos horas que denuncia los efectos negativos mundiales que provocan los productos agroquímicos y las semillas de soja transgénica que comercializa la empresa más grande del mundo en el rubro. El documental denuncia el impacto económico, ambiental y sanitario que generan las semillas transgénica de soja y el roundup. Argentina tenía 16 millones de hectáreas plantadas con semillas de Monsanto y ya entonces, Robin creía que el país “está marchando hacia un suicidio programado...”
→ ¿Para qué sirve un científico? ¿Para quiénes trabaja, investiga, descubre? En general, los científicos y la ciencia están al servicio de las corporaciones. Pero hay excepciones. ANDRÉS CARRASCO confirmó los efectos devastadores del glifosato y acompañó con su investigación a los pueblos fumigados. Aunque nadie lo escuchó.
Él no se fue, no se exilió, no era un científico repatriado; era un científico ninguneado. ¿Quién dijo "nadie es profeta en su tierra"?
10 de mayo 2014, a los 67 años, ANDRÉS CARRASCO se murió, y muy poco se habló de él, igual que cuando estaba vivo, se lo ignoró nuevamente. Había sido presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) entre 2000 y 2001, y fue un reconocido especialista internacional en biología del desarrollo...
O por qué no: "La soja se cobró una muerte", como para emular al recientemente fenecido panfletario Julio Blanck, quien fue capaz de titular "La crisis se cobró dos muertes", cuando la cana mató a Kosteki y Santillán en Avellaneda. Claro, si no hubiese cambiado de barrio...
(a propósito, no lamento en absoluto la transición de este enemigo de la Patria, ni saludo a sus deudos, ni pido una plegaria en su nombre)
Pero la posta es la tristeza, con bronca acumulada, la gana loca de que paguen todos los culpables cuando me entero de la muerte (que digo, asesinato) de Fabián Tomasi, quien estaba resignado esperando a la Parca, en su pueblo pero ahí, a la vista, como un testimonio del desprecio, de la condición humana en su peor expresión... el exfumigador que abandonó la cáscara maltrecha que los sostenía hoy por la mañana, en la ciudad de Basavilbaso.
El pobrecito flaco es uno de los tantos exponentes de las graves consecuencias del uso de los agrotóxicos, responsables últimos de su fallecimiento. Pero que obedece a una cadena de mandos intrincada pues enrieda a políticos, lobbystas, granjeros, empresarios, multinacionales, mercados...
Tomasi, apenas 50 años creo, se transformó en un ejemplo de lucha contra los pulpos del negocio del agro y el uso del glifosato en la producción de alimentos.
Muerto, sacrificado.
Patricio Eleisegui lo hizo protagonista de "Envenenados", libro en el cual describe con crudeza y documentación fehaciente los padecimientos sufridos por muchas víctimas.
Hace apenas un año, llegó al país un franchute, biólogo, Nicolas Defarge, quien luego de trabajar en su país y en el nuestro sobre los efectos nocivos de los agrotóxicos diagnosticó: “Lamentablemente Argentina es un laboratorio de Monsanto, Syngenta y otros, acá todos los OGM (Organismo genéticamente modificado) están autorizados y por lo tanto todos los pesticidas asociados a ese modelo también" (Jorgelina Hiba para el diario La Capital de Rosario, del 27 de marzo de 2017). Por ir a un extremo efectista pero convincente: hay productores que enfermaron de cáncer por usar un producto de Bayer, y luego ven que el remedio que tienen que tomar para curarse también es de Bayer. Se entiende la magnitud del tejido donde estamos entrampados...
Defarge, ponderó el trabajo realizado por el equipo de salud socioambiental de la Facultad de Medicina de la UNRosario dirigida el médico paranaense Damián Verzeñassi, que a través de campamentos sanitarios analizó en el terreno los efectos de los agroquímicos sobre casi 100 mil personas. Lo que ha permitido elaborar una foto muy precisa de los efectos tóxicos de la exposición prolongada a agroquímicos en el sur de la provincia de Santa Fe.
¿Se habrá enterado ya el biólogo francés de que ese equipo de médicxs santafesinxs hoy tiene prohibido el acceso al material por ellos investigado? Está bajo custodia en una oficina, y nadie tiene acceso a él. Hasta que se incendie el pabellón de la oficina que tenía en la UNR, digo yo.
Para ser más claro, cuán bruta y abierta es la injerencia de lo privado por sobre lo público, la influencia y el poder de las empresas sobre cualquier ley, funcionamiento administrativo, reglamento de repartición, o de lo que diga cualquiera, que resguarde información oficial, pagada por el Estado.
Porque el Doctor Verseñassi fue despojado de su oficina en la Facultad de Ciencia Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, su equipo de investigación de campo reducido, y la amenaza cierta de dejarlo al margen de los campamentos sanitarios y los relevamientos en distintos pueblos de Entre Ríos y Santa Fe para determinar la incidencia del glifosato sobre la prevalencia de casos de cáncer. Justo cuando había ido a La Haya a exponer en un tribunal internacional contra la multinacional Monsanto. Ah, el decano de Ciencias Médicas en ese momento era Ricardo Nidd.
Seguramente alguien, muchos, todos, saben quiénes presionaron para que esos materiales de gran importancia fueran ocultados a los investigadores y a su posible difusión... Y sospecharía que algo tienen que ver con los responsables del largo, lento, doloroso, asesinato cometido con Tomasi.
Larga es la lista de nombres que aparecerán, nos gusten o no, entre los que dejaron entrar a Monsanto al país, y con él sus patentes y tósigos. De quienes celebraron su estada en la Argentina y hasta participaron de inauguraciones de plantas. Larguísima también la de los productores, muy pocas veces difundida, y no sólo de la venenosa soja, ya que lo mismo ocurre con el maíz, y el ganado. Porque no es sólo la soja resistente al glifosato, hay otras plantas como maíz, algodón, canola.
Nombremos algunos de estos ricachones con culpas sin castigo: Manuel Santos Uribelarrea Balcarce, con 173.000 ha y 600 mil tons anuales de producción, es uno de los capos sojeros. Es nieto del exministro de Agricultura del gobierno de Agustín P. Justo, Luis Duhau, junto con Federico Pinedo instigadores del fallido asesinato de Lisandro de la Torre, que recayó al final en el senador Enzo Bardabehere en 1936, por el negociado infame de las carnes con Gran Bretaña (Tratado Roca-Runciman).
O Gustavo Grobocopatel, de Los Grobo, uno de los mayores grupos agropecuarios, que sembró en 2016 más de 90.000 hectáreas en la Argentina, 90.000 en Uruguay y 60.000 en Brasil. La firmita, pobrecita, factura casi 1.000 millones de dólares anuales.
El rubro máiz no le va en saga, como dijimos, y tambien usan venenos monsantos. Hay unos que se la llevan todita: la familia Elsztain, cuyo holding se llama Cresud. Eduardo Elsztain, con sus socios Marcos Marcelo Mindlin y el húngaro George Soros, toman en 1994 el control de la firma. Así, "los Elsztain" incrementan las existencias de tierras en hasta convertirse en los mayores terratenientes de la Pampa Húmeda. Los campos que poseen en los cuatro países donde opera, alcanzan 622.000 has. En la Argentina, destina más de 40.000 has al maíz, un tamaño equivalente a la Capital Federal.
Por este lado también hay que rastrear a los asesinos de Tomasi. Sin olvidar a los laboratorios, cuyos directivos dicen que el glifosato no mata. Y es interesante en este caso reparar en este video donde un hdp llamado Richard Moore, niega que el veneno sea perjudicial y acepta tomar un vaso con él, pero cuando llega el momento se niega rotundamente a probarlo.
(...) Pienso en esos hermanos comiendo lo que la tierra produce, las que fueron las más ricas del planeta y hoy están a punto de convertirse en piedra de tanto veneno acumulado. Asado con sabor a veneno, lechuga, ídem (el glifosato se deposita en las hojas, no entra por las raíces), las galletitas sabor a agente naranja.
Hubo una vez unos chacareros en Alcorta, Bigand, Chabás, Villa Mugueta, Chovet, Cañada, Carcarañá, Salto Grande... que pegaron el grito ante los abusos patronales por los arriendos abusivos, la explotación de los subarrendatarios. Los leoninos contratos, las altas rentas exigidas, la obligación de comprar herramientas e insumos a quienes los terratenientes quisieran, y hasta hacían responsable al trabajador por una mala cosecha. Ya no quedan de aquellos gringos peleadores como el tano Neri, que dicen ayudó a democratizar en algo la pampa, y fundó la Federación Agraria en nombre de los pequeños productores. Que ahora son y piensan como sus viejos enemigos, los terratenientes, aunque tengan tres hectáreas. Sí... defienden los biyetes con animalitos o verde franklin, washigton, hamilton y no recuerdo que otro presidente yanqui tiene los dólares que guardan bajo el colchón, a costa de la muerte de sus congéneres.
¿A cuánto cotiza hoy el Fabián Tomasi muerto, envenenado por los agrotóxicos en Basalvilbaso, Entre Ríos, desparramado por las avionetas de los chacareros para cuidar sus plantitas que alimentan chanchos chinos y les llenan los bolsillos? ¿Un efecto secundario de un remedio que cura el hambre en el mundo?, ¿Es una víctima colateral del progreso? ¿Es fuego amigo el que se cargó su osamenta?
Me pregunto porque me ronda la idea, y no sé si esa mosca zumbona que me inquiere tiene sentido o respuesta: ¿es, Fabián un contracommodity, ejemplo de un género hasta ahora excepcional que se está cocinando en los telares del infierno imperial, un bien o valor fruto de un experimento, de gran costo, cuyo objetivo es llegar a la indiferencia absoluta de todo, del monocultivo integral, sin diversidad en la unidad, sino uniformidad completa? La humanidad privada de su atributo, y dentro de ellas todos indefensos, todos cobayos, todos parte del mismo magma, comiendo lo mismo, viviendo en lugares calcados, bajo autopistas, uniformados, sin destino, al mismo precio, en el mercado de las ratas.
Eso quieren, lo que cueste menos, lo que les salga más barato, y les permita acumular todo a costa de lo que fuere. Hay un pecado mortal que lo representa: la avaricia.
¿Quien paga lo que nunca se paga?, ¿quien se hace responsable de este sufrimiento infligido a uno de los suyos por un sistema, admitido por gobiernos, por una sociedad, por un vecindario, por unos mangos más? ¿Garpa la bolsa cerealista de Rosario?
¿Garpa Felipe Solá, ministro de Menem, que permitió la introducción en el país de la soja transgénica y el Roundup?
¿Garpan los gobiernos que desde 1994 hasta hoy, hicieron la vista gorda ante el desastre del herbicida por ignorancia, conveniencia, ideología, pactos comerciales?
¿Garpa Cristina, cuando en nombre de la soberanía alimentaria, en 2012 grava la exportación de soja como para que se justifique la alianza entre Monsanto y su gobierno, o que anuncie el desarrollo de una semilla transgénica "nacional" (Intacta RR2 Pro), la nueva soja de Monsanto?
¿Garpan los guachos sin redención de la Facultad de Medicina de la Universidad de Rosario, que escondieron las investigaciones hechas sobre los efectos nocivos de estos tósigos? ¿Y los brockers, que bajan o suben el precio del commodity sin haber visto nunca un poroto de soja, solo por lo que muestran en la pantalla las cifras de los mercados?
sin olvidar al ubicuo Lino Barañao, el agente por antonomasia de Monsanto-Bayer, ya que se han fusionado.
→...“No descubrí nada nuevo. Digo lo mismo que las familias que son fumigadas, sólo que lo confirmé en un laboratorio”, solía decir Andrés Carrasco. Y comenzó a ser invitado a cuanto encuentro había. Desde universidades y congresos científicos, hasta encuentros de asambleas socioambientales y escuelas fumigadas. Intentaba ir a todos lados, restando tiempo al laboratorio y a su familia.
También ganó muchos enemigos. Los primeros que le salieron al cruce: las empresas de agroquímicos. Abogados de CASAFE (reúne a las grandes corporaciones del agro) llegaron hasta su laboratorio en la Facultad de Medicina y lo patotearon. Comenzó a recibir llamadas anónimas amenazantes. Y también lo desacreditó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Lo hizo, nada menos, que en el programa de Héctor Huergo, jefe de Clarín Rural y lobbysta de las empresas...
Hace unos días, el concejal justicialista Osvaldo Miatello respondió al ahora degradado secretario de Ciencia y Tecnología de la Nación, quien de paso por la ciudad afirmó que los concejales rosarinos que prohibieron el uso del glifosato “carecían de información adecuada” para tomar tal decisión. Miatello, preside la comisión de Ecología del Concejo Municipal, y apura a Barañao; “desconoce el principio precautorio”, que es un argumento legal que explicita que en caso de sospecha de daño provocado por alguna sustancia —en este caso el glifosato— hay que demostrar su inocuidad antes de usarlo, y no utilizarlo hasta que se demuestre su inocuidad. “El ministro dice que no está demostrado que ese herbicida hace mal, pero se olvida del principio precautorio que establece que tiene que ser al revés: primero hay que demostrar que determinada sustancia no hace daño”, según reportaje reciente leído en la web de Funda Vida.
La Argentina está entre los cuatro productores más grandes del planeta, pero la soja parece nuestra peor enemiga. Porque antes que nada, la planta es enemiga de la tierra, a la que le quita los nutrientes, el nitrógeno, y le devora la capa humífera, que en el norte de Buenos Aires, el sur de Santa Fe y en esa parte de Entre Ríos, también en otros sitios del país, antes de la llegada de esta planta maldita, tenía más de un metro de espesor... algo único, amigxs.
Aunque me importen un bledo en general, los agricultores son usados por las empresas en su competencia por producir ganancias -ganancias dije, no alimentos–, algo como bien sabemos, condiciona la soberanía de los países, y no sólo la alimentaria.
Ver hoy el efecto devastador producido en el suelo por el abuso, la exigencia, la verdadera explotación con sufrimiento y tortura y encadenamiento de la tierra madre, es desolador. Duele verle los huesos a la tierra, sin su pulpa de humus, cuando alguien levanta un campo... Necesita años de recuperación, queda como un pozo, donde manda la arcilla marrón. Dan ganas de llorar. O se llora nomas.
Con tres cosechas anuales, sin barbecho, engordada a nitrógeno, cuyos residuos de agrotóxicos llegan a las napas, a las corrientes de arroyos y ríos, a las costas del Paraná, al cuerpo de pacúes, surubíes, bagres, sábalos, al agua del río (pariente del mar) donde se pesca y es lo que se come en los restoranes de la costa...
El agua del Paraná Viejo, con la que hasta hace 25 años las familias hacían un pan especial, cuyo secreto estaba en las manos trabajadoras y en el agua que llegaba con sabor a río de veras, que tenía sabor a sábalo sin adobar, mezcla de verduras sumergidas, algas, crustáceos invisibles, fondos de arena, fuga de alevinos en cardumen, de tierras y sales arrastradas, del misterio llegado de la selva del norte. De allí nacía, ya no nace, el inolvidable perfume y sabor y textura del pan dulce del ruso (ruso de veras) Boris, que vivía en la isla, frente a Rosario, hasta donde íbamos algún sábado con la lancha a comprarle sus manjares de la tierra del agua. Un agua que hoy tiene más plomo, clorados y oreros componentes densos y nocivos presentes en los agrotóxicos que el suelo donde crece la soja.
Fabián Tomasi es más que su nombre por ahora, la foto que revela el costado mortal del modelo de producción agrícola del país, que puso en Entre Ríos su primer pie.
Tomasi, peón de fumigación con agroquímicos sobre cultivos transgénicos es otro más, el más oloroso, el que nos hace preguntar cómo se sostiene un país con un modelo que mata a los propios, como la inclusividad de la que disfrutamos olvidó y excluyó a los más desafortunados, los más ocultos, que no tiene más defensa que el esqueleto a la vista justo cuando les está por llegar el final, la hoguera, la ofrenda, el sacrificio que el negocio ofrece como prenda, al Malo. O como dijo el asesinado, con toda lucidez: " “Los afectados venimos a ser los efectos secundarios de los remedios, estamos dentro del proyecto de lo que debe ser, somos parte de lo planificado”.
→ Desde 1962 hasta 1971, durante la guerra de Vietnam, el gobierno de Estados Unidos llevó adelante la “Operación Ranch Hand”, una avanzada militar inspirada en el uso británico de sustancias tóxicas durante la llamada “Emergencia Malaya” de la década del 50. En el transcurso de la maniobra se rociaron más de 80 millones de litros de defoliantes y herbicidas sobre zonas rurales del país asiático en un intento por privar al Viet Cong de alimentos. Tras unos 20.000 vuelos de combate, el gobierno vietnamita estima que 400 000 personas fueron asesinadas o mutiladas y 500.000 niños nacieron con malformaciones congénitas como resultado de su uso. Aunque el gobierno de Estados Unidos ha rechazado estas cifras como poco fiables y poco realistas, la Cruz Roja calcula que hasta 1 millón de personas son discapacitadas o tienen problemas de salud debido al llamado “Agente Naranja”.
El Agente Naranja fue uno de los herbicidas utilizados por los militares estadounidenses para la operación. Es una mezcla 1:1 de dos herbicidas hormonales, 2,4-D y 2,4,5-T que, tal como se denunció posteriormente, estaban contaminados con TCDD, un compuesto de dioxina extremadamente tóxico. Se le dio ese nombre por las franjas de color naranja en los barriles utilizados para su transporte. La empresa encargada de fabricarlo, a pedido del Ministerio de Defensa, fue la que hoy se encarga de la alimentación de gran parte del planeta: Monsanto.
→→ El Zyklon B es el nombre comercial de un pesticida a base de cianuro que se usó para controlar los parásitos responsables de la extensión de brotes de tifus en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. A través de un proceso de ensayo y error acabó convirtiéndose en uno de los principales instrumentos de la “solución final”. En enero o febrero de 1940 se utilizó sobre 250 niños gitanos de Brno en el campo de concentración de Buchenwald. En septiembre de 1941 se realizaron experimentos con Zyklon B en Auschwitz I. El 3 de Septiembre de ese año, 600 prisioneros de guerra soviéticos fueron gaseados con el pesticida, siendo ésta la primera experimentación con gas en aquel campo de concentración polaco.
El Zyklon B era fabricado por la compañía alemana IG Farben, unión de numerosas empresas entre las que estaba, mayoritariamente, la farmacéutica Bayer. →→→ A partir de 2016, estas dos empresas se fusionaron y es probable que se estén a cargo del futuro de la alimentación global. Bayer adquirió Monsanto por 66.000 millones de dólares o 128 dólares por acción en metálico. Se espera que la operación esté cerrada para finales de 2017: Bayer hará una ampliación de capital y contratará un crédito puente de 57.000 millones de dólares de los bancos Merrill Lynch, Credit Suisse, Goldman Sachs, HSBC y JP Morgan.
La unión Bayer-Monsanto no es la primera del sector químico, que ya ha visto como los gigantes DuPont y Dow Chemical acordaron su fusión y la china ChemCHina se hizo con la suiza Syngenta...