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jueves, 7 de septiembre de 2017

CODIGOS A FAVOR DE LA PRIVATIZACIÓN DE LAS TIERRAS PÚBLICAS





    Los nuevos Códigos Urbanístico y de Edificación, propuestos por el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, no deben ser impuestos, como se intenta hasta ahora, sino que deberán ser participativos, de modo de crear un fuerte acuerdo de los actores de la sociedad interesados en la materia y diversamente representados en asambleas barriales, profesionales consustanciados, comunas, asociaciones, consejos, colegios y casas de estudio. 

    Recordemos que durante años, las Audiencias Públicas han sido desoídas por el gobierno de la CABA. Y en numerosas oportunidades, la Legislatura porteña sanciona leyes a contramano de las necesidades ciudadanas. Solo la participación popular asegurará que la ciudad se transforme en un territorio democrático en lugar de un mercado de tierras e inmuebles para pocos...



«Los borradores de los Códigos Urbanístico y de Edificación, propuestos por el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tienen la virtud de querer actualizar los viejos códigos pero adolecen de falta de correspondencia, al implementar los principios que en ellos mismos se enuncian, así como los de las normas más generales que deben reglamentar (Artículo 27º de la Constitución CABA; Ley 2.930 "Plan Urbano Ambiental - PUA"; Ley 25.675 "Política Ambiental Nacional" y concurrentes).

»Se basan en los códigos vigentes que respondían a una visión consecuente con la racionalidad constructiva. Devienen, de un periodo donde se propició un aumento selectivo de la capacidad constructiva, algunas iniciativas para el desarrollo futuro de la ciudad, nuevos indicadores urbanos, con la factura de las cámaras y las profesiones afines.

»El planteo de los borradores de los códigos reincide pero con acentos diferentes: no plantea cambios territoriales sino que acentúa las falencias, introduce nuevos indicadores y mantiene a los anteriores selectivamente, incrementa la capacidad constructiva de modo excesivo, tal que parece constituirse, nuevamente, en una respuesta a las cámaras y profesionales del arte de la construcción y del aumento de la renta urbana, facilitando aún más, la privatización de las últimas tierras públicas –locales y nacionales-. El mayor fundamento, que mantiene la visión anterior de ambos códigos, se vincula principalmente con el origen burocrático y la existencia de una distribución de cargos políticos según el ámbito disciplinar consuetudinario.

»Ambos códigos ilusionan con sus objetivos, principios iniciales y criterios que, en nada coinciden con el desarrollo posterior. Una de las cuestiones planteadas es, por ejemplo, atender los aspectos inherentes a la prevención y protección ambiental y a la salubridad –que, se sobreentiende, serían en clave contemporánea-. Pero, a medida que se avanza en la lectura e interpretación de los capítulos de ambos códigos se desacredita la atención sobre lo “urbanístico” y las mejoras en la habitabilidad, en pos de obligaciones insustanciales y, en diversas disposiciones, se detecta un carácter regresivo.

»Cómo interpretar un “compromiso ambiental” enunciativo que debe ser obligatorio para toda nueva construcción sin comprometer al erario público, o atender la inadecuada inclusión de un programa de gobierno como un concepto técnico inapropiado para un código, tal como el de “ciudad verde”. Aún es más desubicado tergiversar términos que confunden y deslizan un sentido casi propagandístico –sin verdad técnica- como la “durabilidad”, que tiene un sentido ambiental importante, pero que solo atiende el significado de “resistente”, a la vez que se desestiman los de “reparabilidad” y “reciclabilidad” de los materiales que se utilizan en la construcción; años luz de la obligación indispensable de hacer evaluaciones de los “ciclos de vida” de los edificios y de las construcciones públicas. Además, tiene perlas, dice “diseño sustentable” en el código de edificación y no se trata en el urbanístico, ni tampoco se atiende la “construcción sostenible” o exprofeso se atenta contra la habitabilidad al detallar disposiciones para “iluminación natural” y nada para el “asoleamiento” de los locales de las viviendas».





«Quizás la mayor tropelía se cometa con el aumento de la capacidad constructiva ─corredores y precintos, e interiores de áreas urbanas─, el reforzamiento y ampliación del Área Central, acentuar el desequilibrio Norte Sur (contrario al Artículo 18º de la Constitución CABA), a la vez que se desatienden aspectos fundamentales como: las orientaciones del asoleamiento para cada habitación principal, el control del ruido de las autopistas, la falta de definición de las áreas inundables y de una cota preventiva por efecto del cambio climático, y la necesidad imperiosa por adoptar criterios solidarios para el mantenimiento del suelo absorbente natural ─en la totalidad de los pulmones de manzana─, la corresponsabilidad en la forestación y la falta de compromisos gubernamentales por actuar sin alentar la “isla de calor” al no propiciar la protección del adoquinado ─el mayor patrimonio legado por las generaciones anteriores─ que, impermeabilizado es el mayor enemigo del cambio climático ─por el uso de asfaltos derivados de los combustibles fósiles con el peor albedo─. Para reducir el efecto isla de calor ─presuntamente creciente por efectos globales─, se requieren, a nivel local, cambios sustanciales en la codificación que contribuyan con una mejor ventilación de la ciudad, una disminución de las altas densidades y de la altura de la construcción, además, del aumento cierto de las áreas verdes con superficie absorbente y forestadas.

»Ambos códigos, pero más aún el urbanístico, adolecen de dos aspectos recurrentes: el primero, solo tiene obligaciones para las construcciones privadas, sin aparecer las obligaciones públicas como las de dotación de infraestructura, servicios y equipamientos públicos proporcionales a la habilitación edilicia propiciada por el propio código ─por ejemplo: no se equiparan la distancia y los metros cuadrados de espacios verdes para la densidad edilicia/poblacional que se induce en la codificación en cada precinto─; el segundo, los nuevos códigos no atienden la articulación con los anteriores en relación a la disminución de las condiciones de habitabilidad de los edificios preexistentes, tal el caso de disminuir las ventilaciones y el asoleamiento de los edificios vecinos, lo cual no equipara las condiciones de habitabilidad.

»El proceso de exposición y recolección de inquietudes vecinales en las comunas, forzado por intervención judicial, no parece suficiente para contribuir con la ciudad como bien común, de modo que en ambos códigos se atiendan los aspectos de interfaz, tales como, las cuestiones urbano ambientales, de energía, meteorológicas, de compromiso gubernamental de aplicar estándares saludables, de percepción del medio urbano, paisajismo, de promover la rehabilitación sostenible de los inmuebles de más de 50 años. Ambos códigos son los instrumentos más efectivos para la mitigación del cambio climático, pero ello requiere sincerar y replantear el diseño de dichas normas.

»Los códigos propuestos carecen de fundamento, se desvinculan de los propios informes que realizaran los equipos técnicos del ejecutivo (2011-2015), y no tienen ni una proto – evaluación. Toda semejanza con una propuesta de formalismo inmobiliario para vender pero no para convivir, no parece casual».




Si queremos que los Códigos Urbanístico y de Edificación, propuestos por el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, no perjudiquen la vida en comunidad, es necesario que la ciudadanía se movilice en las distintas instancias posibles para detener la especulación inmobiliaria y los negociados con el espacio público.  El simple diagnóstico no alcanza. Esta situación se enfrenta con: 


→ PLANEAMIENTO MULTIDISCIPLINARIO Y PARTICIPATIVO DE TODA LA SOCIEDAD.

→ OBTENCIÓN DE SALDO ORGANIZATIVO Y PROPOSITIVO

→ MÁS DEMOCRACIA PARTICIPATIVA, DE ABAJO HACIA ARRIBA






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martes, 18 de noviembre de 2014

CUMPLIMOS 3 AÑOS (parte 2)







Rompiendo el Lago pero haciendo Buenos Aires...

Los lagos de palermo, el espacio público, la intervención de camiones y tractores rompiendo todo, depredando la flora y la fauna, los negocios de la obra pública con una gran capa amarilla de maquillaje PRO... ¡esto no sale en televisión!










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MACRI Y LOS ADOQUINES

 


MILLONARIA ESTAFA, IMPROVISACIÓN Y MARKETING PRO








martes, 21 de octubre de 2014

MACRI SE ROBÓ LOS ADOQUINES







Cuando los adoquines están en las calles cuentan con protección patrimonial, pero una vez que son removidos, su destino es incierto. Se trata de los históricos adoquines de las callecitas porteñas y por los que el centro de Buenos Aires es famoso.

Según un estudio de la Auditoría de la Ciudad, desde 2008 se han removido unos 42 millones de adoquines de las calles de Buenos Aires. Sin embargo, apenas un 10% de esa cantidad está depositada en los predios que la Ciudad usa para acopiarlos.

Del resto -unos 38 millones de piedras cúbicas de más de 5 kilos cada una- no hay información precisa. 






No existe un registro de cuántos se retiran ni en qué obras se reutilizan.

¿Cómo se contabilizan entonces los 42 millones?

El auditor de la ciudad Facundo Del Gaiso pidió un informe respecto de los metros cuadrados de obras de cordón cuneta y de hormigonado de dársenas que implican la quita de adoquines de las calles porteñas.

Con los datos aportados por el propio gobierno, según consta en una nota oficial a la que LA NACION tuvo acceso, detalló que para las obras de cordones cuneta se retiraron 83.214 metros lineales de adoquines; cada metro lineal representa 30 adoquines, lo que totaliza 2.496.000 piezas de granito de un peso aproximado a los 5 kilos cada una.

Según el mismo informe, otras 36.370.738 piezas se retiraron cuando se construyeron las dársenas de hormigón. El cálculo se obtiene de multiplicar los 727.414 m2 informados por el gobierno por 50, que es el número de adoquines que entran en cada metro cuadrado.

"En este cálculo no está incluida toda la obra del casco histórico ni la de la Reserva Ecológica. Hay que tener más rigurosidad con este material, que es parte de nuestro patrimonio y nuestra historia. ¿Dónde están todos los adoquines que se sacaron?", se preguntó Del Gaiso.

Si se tiene en cuenta que por metro cuadrado hay 50 adoquines, 42 millones de adoquines es lo mismo que decir 840.000 m2. Según una licitación realizada por el propio gobierno, que compró adoquines, se pagó el m2: 347 pesos, lo que da un valor aproximado de 291 millones de pesos al volumen retirado y que nadie acierta a saber dónde fueron a parar.

El organismo responsable de velar por los adoquines es el Ente de Mantenimiento Urbano Integral (EMUI). Allí, Mariano Schiavo, subgerente de legales del área asegura que "hay un control" y que desde que asumió, en febrero, las piezas acopiadas en los depósitos oficiales están controladas.

Sin embargo, no precisó el volumen de adoquines que hay en el predio de Castañares, en Villa Lugano. "El adoquín que se extrae es reutilizado para obras que están autorizadas por ley", indicó el funcionario.

Mariano Schiavo se refiere a las mejoras en plazas, parques, espacios públicos y calles porteñas. Según relató, firma por mes un promedio de tres solicitudes que reclaman adoquines. Las últimas tres que detalla son para las obras alrededor del Lago Regatas, en Palermo; un sendero en el hospital Borda, y obras en el barrio Ramón Carrillo. Sin embargo, reconoce que no existe un registro de qué cantidad exacta entra de material ni qué cantidad sale para ser reutilizado. "Ese tipo de control no es necesario. El poco volumen de lo que se puede ir pidiendo y la diversidad de pedidos no llevarían ningún dato relevante", aseguró.

Respecto del destino de los millones de adoquines que se retiraron de las calles en estos últimos siete años,  Mariano Schiavo no tiene respuesta. Sólo aclaró, en un par de ocasiones, que "no hay una idea de que cualquiera entra y se lleva un adoquín".

En ese sentido, Del Gaiso sostuvo que es difícil no creer eso: "Apenas sabemos dónde está, efectivamente, el 10% de lo que se retiró de las calles. No existen políticas para determinar su uso. Si están reutilizados en obras, tampoco lo sabemos. Lo que termina sucediendo es que se generan cementerios de adoquines y eso es sinónimo de descontrol y robo sistemático".

En el gobierno indicaron que trabajan en la elaboración de un catálogo de las calles adoquinadas y protegidas. Schiavo detalló que hay 2.000 cuadras con adoquines en la ciudad.






Por Internet se venden a $9 (nueve pesos) la unidad





  • En agosto del año pasado la nacion describió lo fácil que era comprar en una suerte de mercado negro los adoquines que se retiraban de las calles. En el depósito de Villa Soldati apenas había vigilancia y cada pieza se conseguía a razón de $20. Por el mismo precio también se podían conseguir en las obras callejeras donde se los removía.






  • Según aseguran en el Ente de Mantenimiento Urbano Integral, esta situación cambió, aunque los adoquines se siguen vendiendo por Internet, a un costo promedio $9 la unidad. Según Mariano Schiavo, responsable legal del ente, esas ofertas son de canteras privadas que ofrecen el producto y los adoquines no pertenecen al gobierno. Las fotos parecen contradecirlo, pero como no hay registro, no se puede determinar.





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    «Una idea a futuro para los porteños es que la corrupción en su ciudad sea un caso testigo para una suerte de Nunca más municipal, local y lleno de “incumplimientos de los deberes de funcionario público”. El macrismo en funciones ofrece infinitas avenidas de entrada a esta idea, porque quienes están ahora en el poder lo usan para dos cosas y sólo dos: para que Mauricio Macri sea presidente y para que su industria favorita se enriquezca. Como el PRO sabe unir lo útil a lo agradable, ambas cosas van juntas con obras “para la foto”, rentables aunque innecesarias, que rinden buenos contratos y cartelería de campaña. Pero dejan los hilos que permitirán seguir el rastro del anuncio de obra al contrato, del contrato al patrimonio del funcionario en cuestión, del patrimonio al sobreprecio y el desperdicio...», dice Sergio Kiernan, en Página 12, y sigue...





    Lo de los adoquines es apenas una punta de alguno de los muchos ovillos que deja la gestión del PRO, madeja que ahora se puede seguir con más orden gracias a un nuevo libro de Gabriela Massuh.

    La autora, novelista, doctora en Filología, directora de la editorial Mardulce, directora por muchos años del Instituto Goethe y traductora del alemán, resulta una investigadora inesperada del sucio mundo del macrismo. Su libro lleva el duro título de El robo de Buenos Aires: la trama de corrupción, ineficiencia y negocios que les arrebató la ciudad a sus habitantes. Lo que sigue al título es lapidario por cierto y detallado.

    En el libro hay capítulos duros sobre grandes negocios como Puerto Madero, que enriqueció a tantos menemistas, en el que se descubren cosas como que hasta 2007 no se preguntaba de dónde venía el dinero. En esas páginas Massuh establece con números que a nadie le importa ni le importó jamás que ese barrio exista, tenga habitantes o vida real, porque fue concebido desde el vamos como una inversión abstracta. La mitad de lo que se ve ahí pertenece a extranjeros que lo vieron en foto, gente que participa del giro internacional de capitales que buscan estacionarse en algún lugar rentable o al menos estable, que no haga demasiadas preguntas. De hecho, un especialista que se dedicó a vender muchos de esos departamentos define a Puerto Madero como “la mayor caja de seguridad del país”.

    Nicolás Caputo es otra figura empresaria, “amigo y hermano adoptivo” de Macri, su asesor ad honorem y miembro firme de la mesa más chica que tiene el gobierno porteño. Su constructora es de las más beneficiadas por el PRO en funciones y es irritante seguir la lista de favores, contratos y contactos que recibe de nuestra ciudad.

    Y la cosa termina con la incapacidad contumaz del gobierno macrista en ejecutar sus presupuestos, en la preferencia por elefantes blancos como el metrobús, por las diferencias estratosféricas entre lo que se presupuesta para obras y cualquier otro asunto de gobierno, en la peculiar mezcla de incompetencia y mala fe que tiñe todo. El panorama final es el de un gobierno chanta, clasista, snob y de una crueldad frívola hacia el que menos tiene, que se ocupa de tonterías para la foto mientras crecen las villas miseria.

    El de Gabriela Massuh es un libro duro y útil, lleno de números que hay que recordar y de conceptos claros. Es la exposición de la economía y las prioridades de negocios del actual gobierno porteño, con lo que resulta la explicación final de pulsiones que de otro modo no se entienden.


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    En noviembre 2013 decíamos:

    El PRO avanza en la Legislatura porteña para aprobar rápidamente la protección de calles adoquinadas de la Ciudad, pero sólo 1800 cuadras, menos del 30% del total de tramos empedrados que tiene el distrito.

    La iniciativa tiene como fin "declarar Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a los pavimentos de adoquines de granito y promover la instrumentación de un programa que restaure progresivamente a los mismos para mejorar la calidad del espacio público vinculado con las áreas de protección histórica y barriales".

    Sin embargo, la polémica está en un par de artículos, entre los cuales delega al Poder Ejecutivo la disposición "para uso interno del gobierno de la Ciudad" de las piezas graníticas sacadas "que no resulten indispensables para ser reutilizadas en obras publicas". El propio jefe de gobierno establecerá la cantidad de piezas "que resulte útil y conveniente" conservar. 

    También deroga la Ley N° 65 (la que actualmente protege a los adoquines), un inciso de la Ley 2.928 (que imposibilita declarar al adoquín como bien en desuso), y la Ordenanza 20110/1965 que dispone que los adoquines recuperados sean utilizados en obras a cargo del Ejecutivo. Pero el artículo 7º es el principal. Se trata de una "claúsula transitoria" (dixit) en el que encomienda a la autoridad de aplicación que, con la participación de las Juntas Comunales, confeccione en 180 días "una nómina de hasta mil ochocientas (1800) cuadras adoquinadas que se protegen en todo el ámbito de la Ciudad". Poco menos del 30% de los actuales tramos empedrados, que hoy son 6200 sobre un total de 25.600 cuadras que componen la Capital Federal, según admitió el propio gobierno porteño en el Plan de Acción contra el Cambio Climático para el período 2010-2030.

    Originalmente, el Ejecutivo había presentado un proyecto semanas atrás, en el que protegía 1.080 cuadras, detalladas en un anexo, donde se omitían muchas trazas, como calle Defensa 1200-1400 en pleno casco histórico, o los pasajes San Lorenzo, Giuffra y el 5 de Julio. Ante el reclamo, el PRO accedió a que se iniciara un relevamiento por comuneros, legisladores y ONG patrimoniales, y mantenía el debate en asesores con la posibilidad de aumentar el listado. Hasta la semana pasada, que sin discusión presentaron este nuevo proyecto oficial que salteó asesores y pasó directamente a Comisión de Planeamiento Urbano de Diputados, mantuvo la posibilidad de que las comunas releven, pero dejó como techo 1800 cuadras.

    El proyecto fue aprobado ayer con dictamen de mayoría, con firmas de los legisladores PRO. Podrían tratarlo hoy en la sesión, sobre tablas, o la semana que viene. La UCR y UNEN se abstuvieron de firmar tanto ese despacho como el de Francisco "Tito" Nenna (FPV), que presentó un proyecto de minoría para la conservación íntegra de todas las calles con adoquines de la ciudad y que el gobierno de la Ciudad "progresivamente y en un plazo máximo de tres años" restaure los pavimentos históricos "no reparados con los materiales y técnicas constructivas apropiadas. Serán prioritarias las correspondientes a las áreas de anegamiento recurrentes". Que las reconstrucciones del adoquinado se hagan con el material original y que los que ya se hayan quitado se utilicen exclusivamente para obras en la Capital Federal, ante la gran cantidad de granitos que fueron vendidos a particulares y que por caso pueden verse en senderos o veredas de countries de Nordelta. "Macri acopió 50 millones de adoquines, equivalentes a más de 250 millones de pesos, y se convirtió en el sepulturero patrimonial de la identidad barrial", denunció Nenna. Y agregó que "el gobierno porteño adeuda la conformación de la autoridad de aplicación de la Ley N° 65 y así propicia el descontrol y la voracidad macrista por asfaltar desembozadamente".

    "Su valor histórico y documental es incalculable. Quitar los adoquines y destruir los cordones resulta irrecuperable", resalta el texto del proyecto PRO. También admite que en verano las calles asfaltadas "expanden mucho más calor que las de granito y acentúan el mantenimiento de la isla de calor". Especifica que los costos del efecto de asfaltar una calle son muchos más altos que la reparación integral del adoquinado y, curiosamente, concluye que "es necesario hacer obras que mejoren y modernicen el adoquinado de las calles, que pueden ser restauradas con los mismos adoquines, extendiendo el tiempo de uso", aunque sólo lo vayan a hacer en 1800 cuadras.


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    También el velódromo

    Se aprobó también para ser tratado en sesión el proyecto del PRO de demoler el Velódromo y desafecta su carácter de Urbanización Parque y Área de Protección Histórica a las cinco hectáreas que lo conforman en pleno Parque Tres de Febrero, sin asignarle una nueva zonificación. En el Ejecutivo hablaron de hacer allí un complejo deportivo. Para el legislador Adrián Camps, que presentó dictamen de minoría, "esta metodología de abandonar espacios verdes para luego declararlos ociosos o en desuso y hacer algún negocio, es una práctica permanente del macrismo".





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    sábado, 18 de octubre de 2014

    MILLONARIA ESTAFA, IMPROVISACIÓN Y MARKETING PRO






    El gobierno de Mauricio Macri está licitando un centro de trasbordo en Pompeya, para el que deberá desmontar 2 estaciones del metrobús del sur. Cada una costó cerca de dos millones de pesos, según el equipo del auditor porteño Eduardo Epszteyn.

    “Toma las decisiones de manera apresurada y todos pagamos la improvisación y el marketing”, indicó Epszteyn a Werner Pertot sobre una de las obras que la gestión PRO promocionó durante la campaña del año pasado. La decisión se suma a una serie de obras en las que se invierten fondos para luego demolerlas, como el boulevard en avenida Cabildo, que se hizo en un lugar que iba a tener que demolerse por una obra del subte, o bien la plaza seca Voluntarios Héroes de la Reconquista, que fue construida a fines de 2011 y demolida este año.


    bulevar en avenida Cabildo arrasado


    plaza seca arrasada


    ley CABA arrasada


    plaza seca arrasada


    El metrobús del sur costó más de 223 millones de pesos y estuvo envuelto en una polémica por los adicionales que cobró la empresa constructora Bricons-Miavasa. El auditor Epszteyn fue uno de los que se ocuparon de señalar que la empresa recibió un 89 por ciento más del monto destinado originalmente a esa obra. Según el equipo del auditor, las dos estaciones que están sobre la avenida Sáenz (la estación Pompeya y Sáenz) costaron cerca de 2 millones de pesos cada una. Ahora el gobierno porteño lanzó una licitación para un centro de trasbordo que implicará desmontar esas dos estaciones. La empresa que ganó esa licitación es, casualmente, la misma que había construido el metrobús del sur: Bricons, cuyo presidente es Mario Raspagliesi. Ahora se llevará otros 39.977.335 pesos por desmontar las estaciones de metrobús que construyó hace un año y construir la nueva obra.






    La licitación 640 lanzada por la Jefatura de Gabinete, a cargo de Horacio Rodríguez Larreta, prevé construir un “centro de trasbordo” que integrará al subte H con el metrobús del sur y que estará ubicado en avenida Sáenz entre avenida La Plata y Del Barco Centenera. Allí están actualmente las dos estaciones del metrobús que el gobierno porteño construyó el año pasado. Sobre esto, la memoria descriptiva del proyecto dice: “Actualmente se encuentran emplazados en la traza dos paradores de 14 módulos de 3,30 metros, cada uno de ellos. Por ubicación y por características, los mismos no servirán para el nuevo sistema en cuestión”, indica. Y agrega consejos a la empresa privada: “La adjudicataria deberá contemplar el desmonte de cada elemento que compone ambos paradores, con extrema precaución, para ser reutilizados en futuros metrobuses”. Se supone que las partes de los paradores serán almacenadas en un depósito a la espera de nuevas obras.






    “El plan de transporte de Macri es más producto de marketing que de una verdadera planificación”, advirtió el auditor Epszteyn sobre la obra que la gestión PRO lanzó en plena campaña del año pasado y ahora prevé desmontar. “Toma las decisiones de manera apresurada, tal como advertimos –recordó–. Cuando fue lo de metrobús del sur, planteamos que iba a haber problemas en ese lugar. Como auditores, pudimos observar algo que ahora les cuesta millones de pesos a los porteños. Todos pagamos la improvisación y el marketing.”

    Curiosamente, no es la primera vez que el gobierno porteño gasta millones en una obra que, poco tiempo después, decide demoler. Sobre la avenida Cabildo ya hubo una polémica en torno de los boulevares que ordenó construir el subsecretario de Atención Ciudadana, Eduardo Macchiavelli. Luego Macri resolvió construir allí otro metrobús, por lo que los boulevares son historia. Pero la comunera socialista Julieta Costa Díaz descubrió que en esa misma zona desde 2011 el gobierno porteño tenía proyectado hacer una obra para las cocheras de la línea D de subte, por lo que hicieron los boulevares en un lugar que iba a ser motivo de demolición. “La Ciudad es dinámica y las demandas cambian”, alcanzó a justificar la decisión el subsecretario Macchiavelli antes de que Costa Díaz lo denunciara penalmente por incumplimiento de los deberes de funcionario público, abandono del patrimonio del Estado y daños causados al erario de la Ciudad. Los boulevares costaron 5.000.000 de pesos.


    bulevar en avenida Cabildo arrasado

    Costa Díaz recuerda otros ejemplos: la puesta en valor de Plaza Portugal se hizo dos veces: en 2011 y 2012. Lo mismo pasó con la plaza Fumarolla. Otro caso que se suma a la lista es el de la plaza seca en Chacarita, que el gobierno porteño construyó a fines de 2011 en Avenida Corrientes, entre las bocas de la línea B del subte, por $1.500.000 (un millón y medio de pesos). A comienzos de este año la demolieron para hacer dársenas para los colectivos, pese a las denuncias de los comuneros. El comunero kirchnerista Luis Cúneo indicó que “la plaza desapareció. Para cuando llegó el amparo que pedimos, la obra estaba avanzada. Ahora la obra está parada por una medida cautelar”


    Plaza Portugal















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