GLIFOSATO

La Saga del GLIFOSATO: Lino Barañao desacreditó el trabajo de Andrés Carrasco y defendió al glifosato (y al modelo agropecuario). Y no dejó de hacerlo en cuanto micrófono se acercara. Incluso cuestionó el trabajo de Carrasco en encuentros de Aapresid (empresarios del agro) y, sobre todo, en el Conicet...

lunes, 17 de junio de 2019

QUIÉN ERA MARTÍN MIGUEL de GÜEMES





¿Por qué hoy, 17 de junio, no trabajamos?

Porque es feriado, en homenaje a Martín Miguel de Güemes.

¿Y quién fue Güemes?

Lo que nos enseñaron, y lo que les siguen diciendo a nuestres hijes, es que Güemes sólo fue "un gaucho valiente" y lo único que hizo fue cuidar "la frontera" norte del país contra los realistas.

Dos grandes mentiras. Primero que no había ninguna "frontera", porque el Alto Perú (hoy Bolivia) era parte de la misma Patria que estábamos liberando. Pero por otro lado, presentarlo como sólo "un gaucho muy valiente" es vaciarlo de su verdadero contenido y valor...  

Cuando hay alguien incómodo para el poder, el poder lo combate, lo ningunea. Y cuando ya no puede ningunearlo más, lo coopta, lo vacía de contenido.

Por consiguiente, San Martín fue sólo un militar brillante; Belgrano sólo hizo la bandera argentina; Artigas sólo fue el héroe de un país vecino, y Güemes sólo fue un gaucho valiente. De esta forma el poder de los "dueños de la historia", que son los dueños de todo lo demás, neutraliza la faceta más revolucionaria y molesta de nuestros grandes hombres y mujeres.

¿Y cuál fue esa faceta revolucionaria en Güemes?

Güemes, al igual que San Martín en Mendoza y Artigas en la Banda Oriental, tuvo la oportunidad que no tuvieron Mariano Moreno y Manuel Belgrano: gobernar.

Güemes gobernó Salta y aplicó lo que decían Belgrano y Moreno: reparto de tierras, promoción de las artesanias y de la industria regional, confiscación de animales y riquezas para la causa común; productivista, proteccionista y fomento del mercado interno.

Hoy, la clase dominante parasitaria argentina le diría: populista, demagogo, choriplanero, etc.

¿Murió un 17 de junio?

No murió, lo asesinaron los realistas. Pero más que nada lo asesinó la traición de esa misma clase dominante parasitaria, en este caso la salteña. Entre ellos estaban algunos de mis ancestros Saravia, parte de esa oligarquía que siempre prefirió la renta y la explotación del otro antes que trabajar, emprender y generar riqueza genuina.

Güemes era una pesadilla para sus sueños de rapiña y egoísmo. La traición llegó a tal punto que se confabularon con el general realista Olañeta y favorecieron la entrada en la ciudad. Entregaron Salta y a Güemes al enemigo. Así son, y así siguen siendo sus descendientes, los Urtubey de hoy.

¿Cómo murió Güemes?

Defendiendo valientemente a su pueblo, fue alcanzado por un disparo en el glúteo. Se refugió con sus paisanos, pero al ser hemofílico, y no poder recibir atención médica, murió.

La mentira.

Después de su muerte, la Gazeta de Buenos Aires (el mismo diario de Mariano Moreno, Castelli y Belgrano, pero ahora en manos del pérfido Rivadavia) tituló en su portada: "Murió el abominable Güemes. Ya tenemos un cacique menos".

Después, la oligarquía salteña inventó la mentira (hoy sería la fake news) de que a Güemes lo habían matado "por un asunto de polleras".

Lo mataron los Urtubey, los Macri, los Pichetto de hace dos siglos, por defender a su pueblo, no sólo con las armas, sino también con la política nacional y popular.

¡Viva Güemes! ¡Viva la Patria, Que siempre es el otro!







El hombre que durante años sería la pesadilla de los ejércitos españoles con sus tácticas guerrilleras, nació en Salta el 8 de febrero de 1785.

A los catorce años, Martín Miguel de Güemes ingresó en la carrera militar incorporándose al “Fijo de Infantería” que estaba acantonado en Salta. Participó en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas y al producirse la Revolución de Mayo, se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú y formó parte de las tropas victoriosas en Suipacha.

Desde 1814, Güemes se había puesto al frente de una partida cada vez más nutrida de gauchos guerrilleros que les hacía literalmente la vida imposible a los invasores.

El general San Martín, designado en reemplazo de Belgrano en el Ejército del Norte, recorrió la zona de combate a comienzos de aquel año y pudo comprobar las atrocidades cometidas por los españoles contra nuestra gente. Los “civilizadores” no respetaban mujeres, niños ni ancianos. Veían en los pueblos por los que pasaban el semillero de los rebeldes, desconfiaban de todos y no se equivocaban, todos eran sus enemigos. La estrategia española era el saqueo, el robo, el asesinato en masa. Indignado por lo que vio y orgulloso de la acción de los hombres de Güemes, el “Jefe” aprobó lo actuado y le ratificó los beneficios de su táctica guerrillera.

El 3 de agosto de 1814 las tropas al mando de Güemes obligaron al jefe realista Joaquín de la Pezuela a evacuar Salta y ponerse en retirada hacia el Alto Perú. En su desesperación, los invasores fueron abandonando su parque, que fue capturado por los gauchos conocidos como “los infernales”, no sólo por el color rojo de sus ponchos.

Al año siguiente lograron madrugar al ejército enemigo y derrotarlo en el Puesto del Marqués el 14 de abril de 1815. El saldo fue un tanto desparejo: los invasores sufrieron 120 muertos y 122 prisioneros; los nuestros, dos heridos.

El triunfo de Puesto del Marqués aumentó el prestigio de Güemes en Salta. El 6 de mayo de aquel año 15, el Cabildo local lo designó gobernador de la provincia. Gracias a su experiencia militar, se puso al frente de la resistencia a los realistas, organizando al pueblo de Salta y militarizando la provincia para frenar a los ejércitos del rey.

Pronto comprendió que tendría que arreglárselas solo para cumplirle al único jefe que reconocía: don José de San Martín, quien tendrá permanentes expresiones de elogio y gratitud para con Güemes y sus gauchos. Su vital tarea de contención y distracción de las tropas españolas resultó imprescindible para encarar el cruce de los Andes y desarrollar con éxito la campaña libertadora.

El ejército infernal se ponía en marcha. No había leva forzosa, todos eran voluntarios. Desde los “changuitos” que apenas podían montar hasta los viejos baquianos, desde las mujeres que formaban una eficiente red de espionaje, hasta los curas gauchos que usaban los campanarios como torretas de vigías y sus campanas como alarma ante la presencia del enemigo. Todo un pueblo en armas. Machetes, lanzas, azadas, boleadoras y unos pocos fusiles y carabinas eran las armas de aquel pueblo que aprendía junto a su jefe que estaban solos para enfrentar al ejército que acababa de vencer a Napoleón... (Felipe Pigna)





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